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Entrevista al escritor colombiano Renán Vega Cantor, premio Libertador al Pensamiento Crítico 2007 •
Historia de una vida de compromiso y lucha desde la investigación

por Roberto Romero

En el empinado colegio de los salesianos del popular barrio 20 de julio en Bogotá, la huelga por los derechos estudiantiles los convocó a todos. Apenas con 17 años, Renán resolvió integrase al movimiento sin ninguna vacilación. Y tras dos semanas de agitación y lucha, se logró un acuerdo justo para alumnos y profesores. Hoy Renán reconoce que por aquel entonces, 1975, la influencia que ejercieron sobre los muchachos algunos padres salesianos, simpatizantes de la teología de la liberación, hizo estragos en otras convicciones, tomando el camino del compromiso social.

Después vendría la universidad pública en la capital, donde afianzó su vinculación con las luchas populares. Desde entonces solamente tiene un norte: ser consecuente con el pueblo y sus necesidades, preparándose todo el tiempo para interpretar el momento histórico con la firme convicción de que el capitalismo no es la salida de la humanidad para resolver sus más acuciantes problemas.

Y tras 25 años de estudio, investigación y lucha, con 22 obras publicadas, el profesor Renán Vega Cantor recibe el que se ha calificado como el Nobel de las ciencias sociales, el premio Libertador al Pensamiento Crítico 2007, galardón del Ministerio de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela, con una dotación de 150.000 dólares.

“El lunes 23 en la noche recibí una llamada del jurado calificador que me anunciaba que había sido el ganador entre 82 participantes de todo el mundo con mi obra Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Las transformaciones mundiales y su incidencia en la enseñanza de las Ciencias Sociales. No quise hacer pública la noticia hasta que no se divulgara por la prensa. Ya el miércoles 25, usted me avisó que había salido la nota en los cables oficializándose el galardón”, anota en su modesto apartamento, forrado de libros por todas partes, justo frente al popular barrio Policarpa en Bogotá.

Estará en Caracas el 24 de julio, natalicio de Simón Bolívar, recibiendo el premio de manos del presidente Chávez. Allí se entregarán 3.500 ejemplares de los dos volúmenes de su obra que rápidamente se envió a los talleres de la capital venezolana para su reimpresión. En Colombia la Universidad Pedagógica Nacional publicó 1000 ejemplares.

PREMIO AL PENSAMIENTO CRÍTICO ANTICAPITALISTA

¿Qué significado tiene para usted este premio?

—Pienso que lo que se premia es un pensamiento colectivo que sostenemos muchas personas en Colombia y América Latina, que se resume en la defensa del pensamiento crítico anticapitalista, que lucha contra las corrientes dominantes del neoliberalismo. El premio reconoce estas voces y por eso creo que no es estrictamente individual.

La obra premiada, dos gruesos volúmenes, lleva por título Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Las transformaciones mundiales y su incidencia en la enseñanza de las Ciencias Sociales, ¿esto es que tiene un gran sentido hacia lo pedagógico, pero de nuevo tipo?

—Ese es uno de los objetivos fundamentales de la obra, puesto que trabajo en una universidad, la Pedagógica; digamos que mi actividad siempre ha estado relacionada con la formación de educadores en estos últimos veinte años.

¿Cómo fue el proceso para culminar el libro?

—Durante muchos años he venido investigando sobre las transformaciones mundiales de toda índole: políticas, económicas, tecnológicas, sociales, ambientales. Entonces pensé que era necesario escribir un libro de síntesis donde se relacionaran todos estos cambios y de qué manera influyen en las ciencias sociales. También es el fruto de muchos viajes a varios países.

¿Y va a dirigida a los maestros?

—En el texto se hacen propuestas muy concretas a los profesores y maestros en su trabajo en las aulas, en la vía de recuperar la enseñanza con énfasis en lo social, pero también se dirige al amplio público para que tome conciencia de los problemas del mundo actual.

¿El libro, producto de muchos años de investigación, está actualizado?

—Sí, es de actualidad. Lo escribí cuando me dieron el año sabático en la universidad, que significa que se debe presentar una investigación completa. Propuse el tema y dado que tenía un voluminoso material me dediqué de lleno a su redacción que culminó en estos dos volúmenes

La obra sale a finales de 2007…

—Sí, en diciembre pasado la Universidad Pedagógica publica el libro en sus dos volúmenes y se pone en circulación en febrero de este año en librerías y centros culturales con un tiraje de mil ejemplares por tomo.

Bueno, siempre hay el temor que por ser una obra tan extensa el libro pueda parecer pesado al lector.

—Esa es una preocupación real, pero hemos logrado resolver esa inquietud tratando de ser muy amenos, además el lector encontrará una gran variedad de gráficas, así como cuadros, mapas, documentos, fotos, que facilitan enormemente su abordaje; además se hacen propuestas didáctica sobre los temas y muchas sugerencias.

EL COMPROMISO SOCIAL

Hablemos un poco de tu vida personal, tus orígenes, estudios.

—Yo soy de Bogotá, pero pasé mi infancia en Miraflores, Boyacá. Soy de origen muy humilde y mi familia siempre fue muy pobre. Mis estudios de primaria y bachillerato fueron en condiciones muy complicadas, incluso mis otros dos hermanos no pudieron seguir sus estudios. Todo esto marcó para siempre mi existencia y de ahí también mi compromiso con lo social.

¿Y la universidad?

—Tuve la oportunidad de ingresar a la universidad pública en Bogotá. Me matriculé en 1977 en la Universidad Distrital donde hice estudios en la carrera de Ciencias de la Educación con énfasis en ciencias sociales. Me gradué en 1983, es decir cumplo 25 años de mi primer título universitario.

Pero esto fue como una especie de privilegio en medio de tantas penurias.

—Para mí toda esa etapa, en lugar de ser un privilegio que me distanciara de mis ideas, de los intereses de los sectores populares, me afianzó en mis convicciones políticas y sociales. Yo digo que mi obra siempre ha estado relacionada con las necesidades de los más débiles, con las personas que han luchado y luchan por una vida mejor.

Pero casi inmediatamente de terminar en la Distrital se enganchó en la Nacional…

—Cuando estaba culminando en la Distrital decidí matricularme en la Universidad Nacional en la facultad de economía, donde me gradué también, pero nunca he ejercido como consultor, solamente me he desempeñado como profesor. Luego, en la misma Nacional, hice un Magister en historia y posteriormente tomé unos cursos de esta materia en la Universidad de Paris, especialmente sobre historia de América Latina. Allí escribí un libro sobre la separación de Panamá después de consultar los archivos de Francia.

¿Gente muy rebelde, cuatro volúmenes de la historia social de Colombia —la obra que quizá lo dio a conocer a usted en los más diversos sectores, no sólo académicos sino obreros y populares—, no es acaso su mirada más decantada de la historia desde el punto de vista marxista, del materialismo histórico?

—Bueno, en estos 25 años de ejercicio académico he publicado 22 obras que abarcan fundamentalmente el tema social. Gente muy rebelde versa sobre las diversas manifestaciones sociales y políticas en Colombia entre 1900 y 1930, rescatando uno de los periodos más ricos de los inicios de la lucha sindical y popular.

“Pero sobre su pregunta debo decir que yo he tratado de romper con los nichos académicos que hacen separaciones radicales: o se es historiador, o economista, o politólogo, simplemente una cosa. En esta materia soy muy heterodoxo y mi preocupación fundamental está en los problemas fundamentales de la humanidad. Mi obra se mueve en dos planos: una parte es la investigación histórica propiamente dicha y la otra tiene que ver con los análisis de los problemas contemporáneos reivindicando el pensamiento socialista y marxista. En Gente muy rebelde aborde esos momentos desde un ángulo totalmente marxista.”

¿Entonces reivindicas plenamente el marxismo en estos tiempos en que el socialismo ha sufrido duros reveses?

—Yo reivindiqué el marxismo incluso en un momento en que los intelectuales se movían hacia la derecha ante el derrumbe del campo socialista y decidí precisamente en esos momentos, finales de la década de los noventa y años posteriores, publicar mis libros sobre Marx y el siglo XXI, que han tenido más impacto en el exterior que en Colombia. Los acontecimientos posteriores me han dado por entero la razón.

COLOMBIA Y LOS CAMBIOS EN AMÉRICA LATINA

¿Cómo ve el actual proceso de cambios en América Latina que parecen marcar una época de avances hacia la izquierda?

—Yo veo el actual proceso en la región como un avance de la resistencia de los pueblos y gobiernos progresistas contra la hegemonía neoliberal, contra ese dogma que preconiza “el fin de la historia”. Yo me niego a reconocer que el capitalismo sea el futuro que le espera a la humanidad y a partir de ese hecho he realizado toda mi obra, crítica, sin complacencias con el poder y las clases dominantes. Lo que está pasando en América Latina es muy esperanzador y abre la puerta al debate sobre el camino al socialismo.

¿A qué atribuye que mientras en la región ocurren estos avances en Colombia parece afianzarse la derechización?

—Creo que hay varias razones, aunque hay que advertir que el tema es muy complejo. Está por un lado el extermino físico de la oposición, proceso que se afianza el 9 de abril, pues ya estaba en curso, y que se ha venido realizando en forma sistemática todos estos años. Estamos hablando que Colombia es el país con el mayor número de asesinatos políticos, de sindicalistas, dirigentes sociales y populares, líderes campesinos, estudiantiles, de derechos humanos, es decir todo el que piensa distinto es objeto de persecución, el destierro y la invisibilización en los grandes medios.

“Las clases dominantes no aceptan la presencia del otro. La eliminación física de dos generaciones de dirigentes sociales ha impedido que el país avanzara hacia los cambios necesarios. Y por otra parte, la narcoeconomía ha permeado todos los resquicios de la sociedad creando la cultura del enriquecimiento fácil, con la complicidad de Estados Unidos.

“También pesa la urbanización forzada, a sangre y fuego, que ha hecho que en las grandes ciudades se crea que el único mundo existente es el urbano; entonces se justifica lo que ha pasado en el campo, con la expulsión de los labriegos pobres de sus tierras. Pero a pesar de semejante cuadro de violencia, las clases dominantes no han podido eliminar las voces de resistencia del movimiento popular.”

¿Por qué su entronque con la USO y su interés en investigar su historia que acaba de cumplir 85 años?

—Después de haber escrito Gente muy rebelde quedó en el horizonte la perspectiva de continuar esa labor registrando las luchas de los trabajadores petroleros. Y a raíz de la huelga de la USO de 2004, cuando se pone en cuestión la misma existencia del sindicato y el futuro del movimiento, asumí el reto a partir de las siguientes opciones: que la historia es muy importante para el presente y el futuro, y que los trabajadores petroleros y la USO, que tienen una trayectoria muy destacada, deben conocer su propia historia y mirar para qué les sirve en la perspectiva de sus luchas actuales.

¿Cómo va la obra sobre la USO?

—Ya tenemos elaborado un noventa por ciento de la investigación y pensamos que el próximo noviembre sea publicada. Hemos hecho muchos hallazgos. Partimos de las mismas fuentes de los trabajadores, escuchando sus voces. Se recogen todas las huelgas y paros, pero vamos más allá pues hablamos también de la vida cotidiana de los trabajadores, sus problemas y necesidades, la vida cultural. Evitamos, por otro lado, el sesgo partidista que se refleja en la mayoría de los trabajos de historia sobre la USO, un sesgo por lo general dogmático que no dejaba ver otros puntos de vista.

Finalmente, ¿no es preocupante el panorama actual del movimiento sindical?

—Es bastante preocupante. La actual crisis no solamente afecta a los trabajadores sindicalizados sino al conjunto de trabajadores del país y a la población en general aunque no se tenga aun conciencia de ello. El movimiento obrero ha sido protagonista de las transformaciones mundiales de los dos últimos siglos y de los logros y conquistas de la humanidad. Entonces en la medida en que los trabajadores pierdan sus conquistas la sociedad pierde en su conjunto. Cada vez que se elimina un sindicato, por ejemplo, que se liquida una empresa pública, precisamente para acabar con el sindicato, el país entero retrocede décadas, yo diría que se trata de un crimen de lesa humanidad.

Tomado de Rebelion